Habitar
Habitar como experiencia existencial: en diálogo con J. Pallasmaa
“ La casa es nuestro rincón del mundo […]. Es nuestro primer universo. Es realmente un cosmos. Un cosmos en toda la acepción de la palabra […]. Es un instrumento para afrontar el cosmos.” 1 - Bachelard.
Aquellos que quieren borrar la historia son la maxima amenaza para la evolución de nuestra cultura. Nuestra sociedad materialista nos ha llevado a racionalizar la arquitectura, por medio de la “estética” y la instrumentalización. Nos encontramos con edificios que carecen de lo necesario, que dejan a un lado la experimentación arquitectónica del propio cuerpo. Nuestra sociedad egoísta, con una clara falta de empirismo, ha cambiado el significado de arquitectura gracias al empeño obsesivo por la innovación y excepcionalidad; dejando aparte la experiencia sensorial, existencial y consiente en todo espacio. Un pensamiento vacío y superficial. Una falta atroz, ya que todo esto proviene de la gran falta de historia y tradición. No se puede seguir sin recordar nuestro pasado y memoria.
Como dice Pallasmaa, las propias ciudades y edificios “domestican”3 el mundo. Esto hace de nuestro entorno un lugar habitable e inteligible; estas proyecciones mentales nos dan un lugar en el universo. La propia experiencia arquitectónica es la que nos da un sitio para encontrarnos en el cosmos. La arquitectura es la que vincula nuestra existencia física y mental con el mundo; esta contiene nuestras experiencias humanas en una figuración. Y esta figuración o idea nos lleva a los siguiente: la imagen de cada quien en el mundo tiene muchas caras. La imagen puede ser efímera o eterna, pero siempre será subjetiva. Esta imagen da prueba de nuestra existencia; no solo con representaciones visuales, sino también con nuestra actividad sensorial en tal espacio. Vivimos en una época donde la imagen lo es todo, pero parece que la ignorancia ha hecho que olvidemos que la imagen no es solo la representación gráfica de algo, en realidad, ésta está ligada a millones de sentidos y experiencias; y olvidando ese gran dato nos lleva a lo mismo: nada surge de la nada, se necesita conocer y aplicar la historia. “Los versos no son […] sentimientos, […] son experiencias. Para escribir un solo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas […].”2 - Maria Rilke.
Desde siempre, el hombre ha tratado de comprender su misión. De comprender su existencia al igual que al mundo, y lo hace a través de la búsqueda de un ser superior. Como sabemos, el orden facilita este proceso. Ya que nos da una observación elemental y real del mundo, y es por eso la obsesión del hombre con el orden. Orden primigenio, orden natural, orden social, orden espiritual, orden mental, orden ideológico… Como mencione antes, la arquitectura nos da un espacio en el mundo, y ese espacio ordena al mundo. Natural o no, la arquitectura le da sentido y significado al planeta. Le da dimensión al infinito. Impactando completamente nuestra experiencia humana en la realidad. Comprobando que los espacios no son cosas u objetos, son acciones. Acción de como percibimos el espacio y como este afecta nuestra conciencia. No hay nada mas sincero y real que nuestro cuerpo; y este es el que hace el espacio, al igual que el espacio es el que hace al cuerpo. Porque al final, el espacio es lo que sentías, lo que hacías, lo que percibías. El espacio pasa a ser representación de uno mismo, representación entre tú y tu relación con el mundo. Todo nos lleva a nuestra propia experiencia sensorial con este. Experiencia existencial consiente. Llevándonos a la conclusión que las imágenes arquitectónicas no deben de tener un significado universal; sino que dejan un espacio para que cada quien proyecte en ellas un concepto subjetivo, creándolo a partir de sus particulares experiencias, emociones y sentidos. Este arte imaginario y real surge de puro soporte a lo existencial y sensorial, a la experiencia. Y no se idean o se conciben, mas bien se descubren y se trabajan. No se puede partir de la nada para innovar.
El “fuego frío de la casa contemporánea”4 podrá sorprendernos, pero su función para estremecernos fallará. Su manifestación esta desprovista de las claras bases existenciales, experimentales y sensoriales de la arquitectura.
Mao Yan.
Thomas, 2006. Oil stick on lead paper
Mao Yan sitúa el retrato en el umbral de su propia desaparición. La figura, apenas sostenida por una atmósfera gris y fría, se forma por desgaste más que por definición. El perfil —tradicionalmente portador de identidad— se vuelve inestable, como si el rostro estuviera levemente desplazado de sí mismo, suspendido en el tiempo.
La imagen no afirma una presencia, la retiene. El color y la materia funcionan como un campo mental donde la figura se deposita con peso y silencio. Al retirar gesto, contexto y expresión, la obra transforma la emoción en duración: no se muestra, se sostiene. El retrato deja de ser representación para convertirse en un espacio de permanencia lenta, una imagen que no se mira, se habita.
1. Bachelard , Gaston, La Poétique de l´espace, Presses Universataires de France, Paris, 1957. 2. Rilke, Rainer Maria. Die Aufzeichnungen des Malte Lauirds Brigge, 1910. 3. Juhani Pallasmaa: Habitar, pág. 90. 4. “ […] el fuego frío de la casa contemporánea…” Juhani Pallasmaa: Habitar , pág. 105.